MOVILIZACIONES Y PROTESTAS.

Los campesinos, obreros, estudiantes, docentes, y otros vienen manifestándose desde tiempo para hacer oír sus reclamos a todos los gobiernos. Algunos tuvieron activa participación en el Marzo Paraguayo, mientras a otros ni la represión ni el olvido consiguen acallar la rebeldía campesina, obrera, estudiantil, y docente.

Los que ahora son protagonistas activas durante éste gobierno, son los campesinos, quienes llegan con sus rostros curtidos por el sol y las penurias, zapatos gastados o pies desnudos sobre el asfalto negro.

Han llegado con sus banderas descoloridas, sus toscas pancartas de tela y sus consignas en guaraní.

Piden y reclaman “tierras para los paraguayos…”

La primera movilización de 1994, desde cuya fecha repiten el ritual todos los años, en cada marzo húmedo y otoñal. La peregrinación de labriegos hasta el centro de la capital para expresar reclamos agrarios ante los oídos del poder.

La primera marcha campesina se realizó el 15 de marzo de 1994, durante el gobierno de Juan Carlos Wasmosy, convocada por la Coordinadora Interdepartamental de Organizaciones Campesinas (CIOC), una sigla que se creó para intentar aglutinar a los distintos grupos y movimientos rurales que habían sobrevivido a la caída de la dictadura y se estaban reorganizando.

Entre los movimientos sociales del Paraguay, las organizaciones campesinas fueron las que mantuvieron mayor poder de organización, movilización y resistencia, aún en los momentos de mayor represión desde el régimen dictatorial del general Alfredo Stroessner.

Tras la persecución a las Ligas Agraria y otras organizaciones, durante la dictadura, un sector importante se mantuvo en la Coordinación Nacional de Productores Agrícolas (CONAPA), hasta que en 1991 se fundó la Federación Nacional Campesina y ya surgió la idea de organizar una gran marcha hasta Asunción.

Aquella primera marcha, de la que participaron otras organizaciones nacionales y regionales, tuvo tanto impacto en los medios de comunicación y en la sociedad, que sus organizadores decidieron repetirla al año siguiente.

Fruto de aquella primera experiencia exitosa, nació una nucleación más permanente, la Mesa Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas (MCNOC), que se encargó de organizar las siguientes marchas, hasta 1998, cuando hubo una crisis y una división.

La emergencia del oviedismo, con la elección de Raúl Cubas como presidente en 1998, pero con el general Lino Oviedo manejando los hilos del poder, despertó un gran debate entre las organizaciones campesinas.

Para los campesinos el gobierno de Oviedo significaba claramente la asunción del fascismo y del autoritarismo, que atentaba contra las organizaciones populares y las libertades públicas.

Esta postura no fue compartida por otras organizaciones campesinas, que finalmente decidieron no apoyar a la quinta marcha campesina en marzo de 1999 y se produjo la primera ruptura.

La MCNOC se abrió de la organización y la marcha fue convocada por la FNC, pero a nombre de una Comisión de Reforma Agraria.

Fue la más crítica de todas las marchas, ya que el día 23 de marzo, cuando estaban por salir caminando desde el ex Seminario Metropolitano, se produjo el asesinato del vicepresidente Luis María Argaña, y los campesinos finalmente se unieron a la llamada gesta ciudadana del Marzo Paraguayo, resistiendo durante varios días en las plazas del Congreso. Su participación fue decisiva para forzar la renuncia del presidente Cubas y la huida de Oviedo.

Entre los “mártires del Marzo Paraguayo” falleció asesinado un miembro de la FNC, Cristóbal Espínola, alcanzado por las balas de los francotiradores. El asentamiento al que pertenecía, en Alto Paraná, actualmente lleva el nombre del joven campesino mártir.

Hubo logros concretos, como la condonación de deudas de los pequeños productores, la paralización de un plan de privatización de empresas públicas, la derrota del proyecto político fascista en el Marzo Paraguayo, pero, por sobre todo, se pudo instalar debates sobre un sistema socioeconómico que excluye a los pobres.

Aunque en los medios de comunicación se asegura que las marchas se suceden año tras año, sin que se produzcan cambios importantes en el campesinado, los labreigos consideran que sí hubo avances, especialmente políticos al interior del campesinado.

Con Teodolina Villalba) al frente de la Federación Nacional Campesina, significó un gran paso en la participación política de las mujeres campesinas y una superación de la mentalidad machista.

Otro punto que diferencia a la FNC de otros movimientos campesinos, sociales o de izquierda, es que sus miembros no respaldan a ninguna candidatura para las próximas elecciones, como tampoco lo han hecho en las anteriores.

Aunque todavía falta mucho por lograr, por eso se escuchan gritos campesinos resonando en las calles de la ciudad.

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