TOMA DE LA BASTILLA Y REVOLUCIÓN FRANCESA.

La Revolución Francesa es uno de los procesos históricos más importantes de los últimos siglos. Según los historiadores constituye un hecho que marca el paso de la Edad Moderna a la Edad Contemporánea.

Sin embargo, es mucho más que eso: es la ruptura de la sociedad feudal ante las fuerzas en crecimiento de la burguesía, probablemente la transformación política y social más profunda desde la desintegración del Imperio Romano.

El 14 de julio de 1789 fue el inicio del proceso revolucionario en que se produjo la “Toma de la Bastilla”, una prisión de poca importancia real, pero su simbolismo fue enorme, pues es el hecho histórico que se considera como detonante de la Revolución Francesa.

La Revolución Francesa fue el cambio político más importante que se produjo en Europa, a fines del siglo XVIII.  Pero no fue solo importante para Francia, sino que sirvió de ejemplo para otros países, en donde se desataron conflictos sociales similares, en contra de un régimen anacrónico y opresor, como era la monarquía.

Esta revolución significó el triunfo de un pueblo (la burguesía) oprimido y cansado de las injusticias, sobre los privilegios de la nobleza feudal y del estado absolutista.

Durante el reinado de Luis XIV (1643-1715), Francia se hallaba bajo el dominio de una monarquía absolutista, el poder de rey y de la nobleza era la base de este régimen, pero en realidad el estado se encontraba en una situación económica bastante precaria, que se agravó por el mal gobierno de Luis XV (bisnieto de Luis XIV), y que tocó fondo durante el reinado de Luis XVI, gobernante bien intencionado, pero de carácter débil, por lo que se lo llamaba el buen Luis.

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