Fiebre de sábado por la noche (1977)

Fiebre de sábado por la noche (1977)

No solo fue un éxito de taquilla, sino que impulsó el movimiento “Disco” por todo el mundo, convirtiéndose en un fenómeno sociocultural que cambió drásticamente el estilo de vida de aquella época.

“Fiebre de sábado por la noche” es la historia simple de un joven llamado Tony Manero (John Travolta), que trabaja de lunes a viernes en una ferretería, esperando que llegue el sábado por la noche para irse de juerga y bailar hasta el amanecer en una discoteca y gastar todo el dinero ganado en la semana de labores. Pudiera pensarse que esta película es muy banal o simplista, pero no. Detrás de esta historia se esconde una realidad cruda como la desunión familiar, el alcohol, las drogas y los deseos carnales. El vacío espiritual de nuestro protagonista solamente es llenado con el baile, la música, luces de neón y una pista de baile para poder explayarse por todo alrededor y mostrarnos que él es el Rey; recibiendo así, los vítores y la fama; ya que afuera de ahí es un Don Nadie.

Pantalones con botamanga, camisas coloridas de cuellos larguísimos, cinturones de grandes hebillas, cultura pop, los gritos de los Bee Gees. Saturday Night Fever llegó a los cines de los Estados Unidos el 12 de diciembre de 1977 y nunca más se fue: poco después llego a toda Latino américa y Espeña . Hoy día Todavía es fácil encontrar continuas repeticiones en los canales de cable, retazos memorables en YouTube, remakes caseras, coreografías calcadas en fiestas  y hasta memes.

Hoy ( 2018) Travolta tiene 64 años y su pareja de baile en esa cinta, la actriz californiana Karen Lynn Gorney, tiene 73. Ella -que encarnó a la bella y ágil Stephanie- quedó a medio camino de la fama. Pese a que ese papel le dio grandes posibilidades de éxitos posteriores, prefirió bajar el perfil y dedicarse al teatro y a la televisión.

A pesar de que con los años surgen versiones opuestas, se cree que el origen del filme estuvo en el artículo “Ritos tribales de la nueva noche de sábado”, publicado en 1976 por la revista New York Magazine, que relataba las experiencias de un joven de Nueva York, quien encontraba un propósito de vida en las noches en que se despegaba de sus problemas e iba a bailar a un club nocturno de Manhattan. 

Veinte años después de la publicación se supo que el autor de ese artículo, Nik Cohn, había mentido. El propio periodista admitió que todo sus datos fueron inventados y que su editor nunca se enteró. 

1 John Travolta estuvo practicando durante nueve meses la coreografía que utilizaría en esta película. Además, siguió un estricto régimen alimentario, por el cual bajó 20 libras de peso.

2 Karen Lynn Gorney, que encarnó a la coprotagonista Stephanie Mangano, era nueve años mayor que John Travolta. Ella tenía 32 y él 23 años. Después de su participación, ella no volvió a actuar en ninguna producción hasta 1991.

3 La señora que aparece en las primeras escenas de la película, esperando por un tarro de pintura que le trae Tony Manero en la tienda, es nada menos que la madre en la vida real de John, Helen Travolta.

4 Las grabaciones de esta película tuvieron que suspenderse por un tiempo, al morir de cáncer Diana Hyland, la compañera de Travolta, quien había hecho de su madre en una película anterior llamada The Boy in the Plastic Bubble (El muchacho de la burbuja – 1976), y que era dieciocho años mayor que él.

5 Dentro de los datos curiosos de esta película hay una escena donde Travolta en su papel de Tony Manero se encuentra dialogando con la actriz Karen Lynn en su papel de Stephanie, sentados en las bancas cercanas al puente, cuando por un momento él hace silencio, mira lejos y explota en un sereno llanto que a su vez es consolado por Karen en un abrazo. Eso no estaba en el guion. Travolta se encontraba para esos días muy deprimido puesto que el amor de su vida, una mujer mucho mayor que él, había fallecido por causas de una enfermedad. El acto quedó para la posteridad.

6 John Travolta fue candidato en 1978 al premio Oscar, candidatura que repetiría en 1994 por “Pulp Fiction”.

7 La discoteca Odisea 2001 -que tomó su nombre de la película odisea del espacio.

8 John Travolta recibió su primera nominación al Oscar, El disco de los Bee Gees se llevó cuatro Grammy, vendió 16 millones de copias y permaneció en las listas de Billboard durante 120 semanas.

Antes de 1977, juntar a los Bee Gees y a John Travolta no significaba mucho. Desde ese año, y desde que la humanidad conoció esta canción, ‘Stayin’ alive’, se convirtieron en la imagen más icónica de la música disco. 

El cine y la música tenían nuevos héroes.

Hubo un momento, precisamente en marzo de 1978, en el que el éxito de los Bee Gees fue tan colosal que llegaron a dominar la mitad de las posiciones del top 10 de Billboard de la mano de “Night Fever” y “Stayin’ Alive” y de las composiciones que escribieron para la cantante y actriz de musicales Yvonne Elliman (“If I Can’t Have You”), la australiana Samantha Sang (“Emotion”) y para Andy, el menor de los hermanos Gibb (“(Love Is) Thicker Than Water”).

Tal primacía en los rankings no se veía en los Estados Unidos desde la explosión de la Beatlemanía en 1964. Por si fuera poco, el 2% de las ganancias que obtuvo la industria discográfica ese año se debió a la venta de sus discos.

Hasta mediados de los 70, los Bee Gees eran un conjunto integrado por los hermanos Barry, Robin y Maurice Gibb, y que había gozado de una oscilante carrera desde el decenio anterior, marcada por melodías barrocas, singles inofensivos que intentaban arañar un espacio entre la estampida creativa de esos años, portazos de algunos de los representantes más cotizados de la época y varias fricciones internas que casi terminan con todo en el despeñadero. Pese a ello, se habían anotado hits memorables, como la evocativa Massachusetts, que trataba de un hippie arrojado a su suerte en la carretera: o sea, aún ni imaginaban un futuro saturado de bolas de cristal y bailes nocturnos.

Cuando la marcha de los años los obligó a la reinvención, el grupo se fue acercando cada vez más al sonido bailable, aunque sin una repercusión sustantiva. Hasta que en 1975, cuando se trasladaron a los estudios Criteria de Miami, vino la escena que cambió para siempre sus vidas y las de millones de adolescentes en el planeta. Mientras grababan Nights on Broadway, canción que formaría parte de su siguiente trabajo (Main course), Barry Gibb puso su voz cada vez más aguda y la estiró hasta alcanzar un falsete imposible. El productor, Arif Mardin, quedó maravillado y sólo atinó a apuntarlo con el dedo: “¡Eso es lo que debemos hacer!”.

Con la fórmula correcta entre sus manos, en 1977 se encerraron a grabar su nuevo trabajo, cuando recibieron el telefonazo del productor discográfico Robert Stigwood, encargado de la música del proyecto que inmortalizaría la onda disco en la pantalla grande. Eso sí, los hermanos Gibb nunca fueron la primera alternativa.

En las grabaciones más relevantes, y cuando la cinta ya había iniciado hace rato su rodaje, la composición que se replicaba en casi todas las escenas era Lowdown, de Boz Scaggs. Pero su sello, Columbia Records, no les otorgó autorización legal, debido a que querían ceder el track a otra iniciativa similar que también estaba explorando el fenómeno disco (proyecto que jamás prosperó). Recién ahí contactaron a los Bee Gees, quienes ya tenían un par de temas grabados que terminaron entregando a la historia, como You should be dancing.

“Los Bee Gees ni siquiera estuvieron involucrados en la película al principio. Ellos sólo llegaron al proceso de postproducción. Yo pasé mucho tiempo sólo bailando Stevie Wonder y Boz Scaggs”, comentó años después John Travolta.

Finalmente, el premio fue colectivo. El disco con la banda sonora fue lanzado el 15 de noviembre de 1977, aunque el single de adelanto fue A fifth of Beethoven, presentado tres meses antes.

Como el disco salió casi al final de temporada, 1978 fue el momento en que se disfrutaron sus mayores beneficios: de los 21 números uno de ese año, ocho fueron del trío originario de Australia, igualando la racha triunfal que sólo los Beatles habían conseguido en los 60. En marzo de 1978, cinco de las 10 primeras canciones del Billboard eran de los Bee Gees. Cerca del 2% de todo lo que vendió la industria del disco en ese año corresponde al soundtrack del largometraje.

Pero cuando los tiempos cambiaron,la banda nunca supo cómo reinventarse. Empezaron a ser sinónimo de una prehistoria que había desaparecido en el tiempo. Hasta debieron componer canciones para otros, pero camuflando sus apellidos: en los sintéticos 80, nadie quería vincularse en demasía a ellos. Eso sí, su huella de baile, timbres agudos y melodías irresistibles hoy sigue sonando fascinante.

 

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